De Palacio Virreinal a Palacio Nacional

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Entre 1810 y 1821 la nación sufrió duros enfrentamientos armados; su economía, por lo mismo, se vio seriamente deteriorada. Asimismo, el Palacio virreinal padeció descuido, abandono y desgaste; sin embargo, las nuevas fuerzas políticas que apenas emergían no dudaron en conservar el añoso Palacio virreinal y readaptarlo a su nueva circunstancia nacional. Notablemente, el ahora Palacio Nacional no sólo sería la sede oficial del Ejecutivo sino de los nuevos poderes que la República requería: el Judicial y el Legislativo.

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El 27 de septiembre de 1821 el Ejército Trigarante encabezado por Agustín de Iturbide entró victorioso a la Ciudad de México. La fiesta no se hizo esperar, la población de la ciudad estalló jubilosa en aquel memorable día y dio rienda suelta a su alegría. El ejército vencedor desfiló por primera vez frente a Palacio en medio de los siempre llamativos fuegos artificiales y el estentóreo repique de las campanas de las numerosas iglesias de la ciudad. Un día después se reunían en el Palacio los 38 miembros de la Junta Provisional Gubernativa para proclamar la independencia nacional. Con este acto se cerraba un amplio periodo de subordinación a la monarquía española y se abría una nueva etapa en la vida del país ahora como nación libre, soberana e independiente.

 

Desde entonces el antiguo Palacio Virreinal se convirtió en el edificio público más importante del país. La Junta de Gobierno tenía como una de sus encomiendas la conformación de un Congreso Constituyente. El 24 de febrero de 1822 se inauguraron sus sesiones y para el 21 de mayo Agustín de Iturbide prestaba juramento en el Congreso como emperador. La coronación se llevó a cabo el 21 de julio en una ceremonia en la catedral, que convocó a los hombres y mujeres más sobresalientes de la sociedad y la política nacional: diputados, ministros, representantes extranjeros, alto clero y familias ilustres. Una vez que tomó posesión de su nuevo cargo, Iturbide se dirigió al Palacio para desde su balcón más importante saludar a sus correligionarios reunidos en la magnífica plaza principal de la Ciudad de México.

 

El Palacio, ahora imperial, no sólo se convirtió en una referencia simbólica de los poderes supremos de la nueva nación sino también se adaptó como sede de las recién abiertas carteras que administrativamente gestionarían los destinos del país. El 4 de octubre de 1821 la Soberana Junta Gubernamental del Imperio Mexicano creó las primeras cuatro secretarías de Estado: la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la de Relaciones Exteriores e Interiores, la de Justicia y Negocios Eclesiásticos y la de Guerra y Marina.

 

Las aspiraciones monárquicas de Agustín de Iturbide duraron muy poco. La oposición al gobierno del emperador fue desde su inicio mismo muy vigorosa; encabezada por antiguos insurgentes como Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero y Nicolás Bravo, todos ellos con ideas republicanas, consiguieron finalmente que Iturbide depusiera su cargo el 19 de marzo de 1823 para posteriormente salir expulsado del país hacia Italia. El 7 de noviembre de 1823 se iniciaron las sesiones del nuevo Congreso Constituyente resultando de sus labores el establecimiento de un texto constitucional: la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos sancionada el 4 de octubre de 1824. Unos días después, el 10 de octubre, toman posesión los primeros mandatarios elegidos libremente: Guadalupe Victoria como presidente  y Nicolás Bravo como vicepresidente.

 

La Constitución estableció en su Artículo 4 que la “[…] nación mexicana adopta para su gobierno la forma de República representativa, popular y federal”; asimismo, disponía que el supremo gobierno de la República se dividía para su ejercicio en tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. El ya para entonces Palacio Nacional se convirtió en la sede del nuevo diseño institucional sirviendo de abrigo a las instancias recientemente creadas; de esta manera emergió como el núcleo más importante de la administración pública del país. Salvo contadas excepciones, a lo largo del xix los presidentes de la República se alojaron en las áreas donde habían habitado los virreyes; se acondicionó un espacio al norte del Palacio para alojar a la Suprema Corte de Justicia y en 1826 se empezó la construcción de la Cámara de Diputados en el primer piso de Palacio Nacional