Pedro Gualdi y el Congreso

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La vida parlamentaria nació en México en el colegio jesuita de San Pedro y San Pablo, en donde se promulgó la Constitución de 1824. Posteriormente, en 1829 el Congreso se trasladó a Palacio Nacional. Éste es, por lo tanto, el primer sitio edificado ex profeso que existió en la República donde se localizó uno de los tres poderes de la Unión. Este local estuvo en activo hasta que ocurrió el devastador incendio de 1872. Cien años después, en 1972, se mandó restaurar el recinto original, sin más testimonios que una antigua litografía realizada por el pintor italiano Pedro Gualdi.

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Pedro Gualdi nació en Carpi, una pequeña población de la región de Módena, en el seno de una familia de escasos recursos; su padre era doméstico y su madre recamarera. A los 16 años ingresa a la Academia de las Bellas Artes en la capital del Ducado, donde adquiere sus primeras nociones de dibujo, arquitectura, escultura, ornato y perspectiva, todas bajo las firme tendencia que propone la estética neoclásica. Posteriormente, y después de pasar cinco años en esta academia, consigue recursos para continuar con sus estudios en Milán. Ahí encuentra trabajo como ayudante del pintor Domenico Menozzi, pintor escenógrafo del gran teatro de la Scala. De esta manera, consolida sus conocimientos y adquiere una especialización que le permitirá viajar a México en 1835 como escenógrafo de una compañía de ópera.

 

La educación artística bajo la cual se forma Pedro Gualdi define las pautas más generales que aplicará una vez que se establece en la Ciudad de México. Sobresalen sus conocimientos sobre escenografía, arquitectura y perspectiva, técnica esta última que adquirirá un notable desarrollo a fines del siglo xviii y que utilizarán ampliamente él y otros pintores para retratar a la ciudad. Por otro lado, la escenografía y la perspectiva estuvieron estrechamente relacionadas; los efectos visuales que ésta conseguía se correspondían con los propósitos que la dramatización operística quería transmitir a su auditorio. Es en la pintura decorativa teatral donde esta técnica de dibujo adquiere una gran importancia y en donde los artistas pueden explorar nuevas formas de representación.

 

Una vez instalado en México, Gualdi adquiere prestigio con cierta rapidez gracias al éxito que tuvo la compañía de teatro en la que trabajaba. Su fama como escenógrafo es capitalizada por el pintor italiano de tal manera que empieza a ofrecer lienzos cuyos motivos principales son diferentes lugares de la ciudad, especialmente la catedral y la Plaza de Santo Domingo. Su interés por la primera es notable, se sabe de la existencia de siete versiones en donde lo que varía son los ángulos desde los cuales es pintada.

 

Esta experiencia lo llevará a proponerse la elaboración de un álbum de 12 estampas litográficas sobre la Ciudad de México. Su realización resultó relevante: fue el primer álbum de litografías que se confeccionaba en el país. El autor tituló su obra Monumentos de Méjico (sic). Y la anunciaba de la siguiente manera: “El que suscribe tiene el honor de anunciar al público que [determinó] hacer una colección de doce estampas litográficas, sacadas del natural, de las mejores perspectivas que tiene esta capital y que hacen tanto honor al país, con el objeto de que este medio se haga extensivo en toda la república, ha dispuesto las siguientes, a cuyo efecto se abre la correspondiente suscripción”.

 

La primera edición del álbum contenía 12 estampas que el autor-editor llamaba “vistas”. Eran: 1. Exterior de la Catedral y su plaza, 2. Interior del Colegio de Minería, 3. Plazuela de Santo Domingo, 4. Exterior del Santuario de Guadalupe, 5. Interior del Santuario de Guadalupe, 6. Exterior del Colegio de Minería, 7. Casa Municipal, 8. Interior de la Catedral, 9. Interior de la Universidad, 10. Interior de la Cámara de los Diputados, 11. Interior del Claustro de la Iglesia de la Merced, y 12. Paseo de Bucareli.

 

Se trataba de un recuento de espacios abiertos y cerrados. La ciudad aparecía como un repertorio de edificaciones dignas de ser mostradas con el objeto de “reproducir objetos nacionales que harán formar en Europa una idea cierta de nuestras cosas”. Entre los aspectos más sobresalientes del recuento de imágenes que se ofrecía se trataba de edificios que pertenecían a la ciudad del pasado, a la ciudad colonial, salvo el “Interior de la Cámara de los Diputados”. Esto era así porque las administraciones que se sucedieron a partir de la independencia carecieron sistemáticamente de recursos presupuestarios para hacerle frente a las obras de renovación inmobiliaria que la nueva nación requería.