Palacio Nacional
La disputa por la Nación

El periodo comprendido entre 1857 y 1872 marca un importante parteaguas para el México independiente pues en él se gestaron las reformas legales liberales que insertaron al país en la modernidad, abriendo una brecha entre Iglesia y Estado y concluyendo con el sistema virreinal que aún pervivía décadas después de la independencia. Sin embargo, la lucha no sólo fue ideológica, se convirtió en una guerra fratricida entre liberales y conservadores mexicanos que culminó con la segunda intervención francesa y la imposición del imperio de Maximiliano de Habsburgo en México. La República fue restaurada por Benito Juárez en 1867. El Palacio Nacional fue testigo y escenario natural del cambio y la consolidación liberal.

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Benito Pablo Juárez García (1806-1872) fue testigo y partícipe del convulso siglo XIX mexicano. Actor fundamental en el movimiento de Reforma que dio pie al laicismo del Estado. Enfrentó y dio fin a la segunda intervención francesa y al segundo imperio, que a su vez fue apoyado por el sector conservador mexicano y por Napoleón III. En el Palacio Nacional trascurrieron las últimas décadas de su vida; ahí fungió como diputado representando a su estado natal, Oaxaca; se inició en el Rito Nacional Mexicano; se desempeñó como ministro de Gobernación y Presidente de la Suprema Corte de Justicia y residió y despachó como Presidente de México de 1858 a 1872. El 18 de julio de ese último año falleció en el primer piso del Segundo Patio Mariano de Palacio Nacional, siendo presidente en funciones, dejando una herencia política fundamental para el México contemporáneo.

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La segunda mitad del siglo XIX representó un cambio radical en la política mexicana, que se reflejó en un Estado mucho más laico. Los vaivenes políticos se vivieron en la sociedad mexicana: una parte de ella como participante activa en la guerra de Reforma, y la otra en el boato imperial europeo, para finalmente conjugarse, toda ella, en el luto nacional que provocó la muerte del héroe de la segunda independencia y defensor del cambio al laicismo: Benito Juárez. El Palacio Nacional, como un escenario de fondo, al igual que la sociedad se transformó en la sede del poder con estricto sentido secular.

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Durante el Segundo Imperio Mexicano (1864-1867), Maximiliano de Habsburgo rehabilitó el Palacio Imperial. En esta época se construyó la Escalera de la Emperatriz en la zona norte; se habilitó la capilla imperial, antes Senado, y se creó la obra pictórica conocida como la Galería de Iturbide, en honor de los caudillos independentistas. Luego de la restauración de la República (1867), el lugar fue nuevamente la sede inequívoca de los tres poderes del Supremo Gobierno de la Nación. Benito Juárez regresó a vivir a Palacio, sólo que en la zona norte, que era realmente austera, en el primer piso del Segundo Patio Mariano, donde falleció el 18 de julio de 1872.

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El espacio físico de Palacio Nacional comenzó a sufrir severas transformaciones durante la segunda mitad del siglo XIX como consecuencia natural de la nueva arquitectura del poder que se vivía entonces. Era, como lo fue durante la época virreinal, el centro neurálgico del gobierno. Se encontraba habitado por los distintos ministerios que le dieron vida al país, así como por el Correo Nacional, la Suprema Corte de Justicia, cuarteles, caballerizas, el Jardín Botánico, las dos Cámaras de representación, la Tesorería General, entre otros. Con el tiempo, principalmente hacia el inicio del siglo XX, el Palacio Nacional se fue despojando de oficinas gubernamentales para darle cabida a la misma Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la que heredó el edificio como su sede principal, suceso que aprovechó a lo largo del siglo XX.

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Las relaciones diplomáticas que se establecieron entre el gobierno liberal interino de Benito Juárez y Estados Unidos, reflejadas en el Tratado McLane-Ocampo de 1859, tienen como principio el gran proceso industrial que experimentaba el vecino país y que para el inicio del siglo XX lo convertiría en la mayor potencia industrial mundial.

 Necesitado como estaba de expansión territorial, Estados Unidos apoyó al gobierno de Juárez en la Guerra de Reforma a cambio del libre tránsito en el Istmo de Tehuantepec y la soberanía de la Baja California, entre otras prerrogativas. El gobierno juarista no tuvo alternativa, pues la amenaza de la intervención tuvo fundamento luego de la guerra de 1847, además de la escasez de capital para mantener la guerra, la cual al inicio perdía. Este tratado fue desechado por el Senado estadunidense en 1861.

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