El Palacio Nacional durante el Segundo Imperio

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Durante el Segundo Imperio Mexicano (1864-1867), Maximiliano de Habsburgo rehabilitó el Palacio Imperial. En esta época se construyó la Escalera de la Emperatriz en la zona norte; se habilitó la capilla imperial, antes Senado, y se creó la obra pictórica conocida como la Galería de Iturbide, en honor de los caudillos independentistas. Luego de la restauración de la República (1867), el lugar fue nuevamente la sede inequívoca de los tres poderes del Supremo Gobierno de la Nación. Benito Juárez regresó a vivir a Palacio, sólo que en la zona norte, que era realmente austera, en el primer piso del Segundo Patio Mariano, donde falleció el 18 de julio de 1872.

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Durante el Segundo Imperio Mexicano, el de Maximiliano de Habsburgo, el Palacio Nacional se transformó en el Palacio Imperial de México, y fue adaptado como un lugar de gusto palaciego europeo.

 

La azotea del edificio fue rehabilitada, pues ya contaba con una serie de viviendas de familias que al amparo del abandono del mismo y el anonimato se instalaron en él. A la zona norte le fue incorporado un acceso para los distintos ministros del imperio que ahí despachaban, conocido como la Escalera de la Emperatriz, creada por Ramón Agea, arquitecto catedrático de la Academia de San Carlos, con base en un principio de modernidad a través de la técnica de “estereotomía”, que le imprimió un sello particular de ligereza y elegancia. Aún puede ser admirada y recorrida.

 

Igualmente se restauró el tantas veces abandonado Jardín Botánico, conocido desde entonces indistintamente como el Jardín de la Emperatriz, con plantas de origen mexicano.

 

El otrora Senado de la República, ubicado en el ala sur del primer piso del Patio Central, fue transformado en una pequeña capilla imperial donde se oficiaban misas y hasta algunas bodas de gran alcurnia.

La zona sur, que habitualmente se utilizó para los virreyes y luego de la independencia fue habitada por los presidentes, fue acondicionada por Maximiliano como un lugar de reuniones palaciegas. Se adquirieron objetos de arte y de decoración europeos, principalmente austriacos, como candiles, lámparas, relojes, tibores, tapices, entre otros, pues fue el lugar de recepción de la “corte mexicana”, y ocasionalmente la morada de los emperadores, ya que el Castillo de Chapultepec era la residencia oficial.

 

Entre los objetos traídos de Europa se encontraron dos Victorias aladas, que durante el gobierno interino de Sebastián Lerdo de Tejada se instalaron en la parte alta de la fachada principal de Palacio Nacional, donde permanecieron hasta las dos primeras décadas del siglo XX.

 

Finalmente hay que considerar que parte de la obra pictórica que Maximiliano heredó al Palacio Nacional fueron los óleos que retratan a los héroes de la independencia: Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, Mariano Matamoros, Ignacio Comonfort, Ignacio Allende, Vicente Guerrero, entre otros, bajo el pincel de grandes artistas como Joaquín Ramírez y Petronilo Monroy, a la que se conoce desde entonces como la Galería de Iturbide.

 

Luego de la Restauración de la República, el presidente Benito Juárez instaló sus habitaciones en la zona norte de Palacio. La planta baja de su domicilio estaba formada por tres patios donde se ubicó la Cárcel Real desde el siglo XVIII hasta 1831, mismos que hacia 1849 y 1850 Mariano Arista rehabilitó, junto con la puerta de la fachada principal, llamados desde entonces “Marianos”. De 1867 y hasta 1872 la dirección del presidente Juárez fue Calle de la Moneda número 1, y su lugar oficial para despachar como el encargado del Ejecutivo fue la zona sur.

 

La decisión de Juárez de dejar el lado sur, tradicionalmente espacio para el Ejecutivo, tal vez fue la grandiosidad que le había impreso el Segundo Imperio, muy contraria a la austeridad republicana de la cual era partidario.

 

El 18 de julio de 1872 Benito Juárez falleció en el primer piso del Segundo Patio Mariano, y su cuerpo fue velado durante tres días en el Salón de Embajadores de Palacio Nacional, para luego ser trasladado al Panteón de San Fernando.

 

Resulta interesante que un mes después de este hecho, la Cámara de Diputados, localizada en el corredor oriente del primer piso del Patio Central de Palacio, aquella donde se había firmado la Constitución liberal de 1857, se incendió accidentalmente, saliendo para siempre, igual que Juárez, de Palacio Nacional.