Palacio Nacional transformaciones durante la segunda mitad del siglo XIX

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El espacio físico de Palacio Nacional comenzó a sufrir severas transformaciones durante la segunda mitad del siglo XIX como consecuencia natural de la nueva arquitectura del poder que se vivía entonces. Era, como lo fue durante la época virreinal, el centro neurálgico del gobierno. Se encontraba habitado por los distintos ministerios que le dieron vida al país, así como por el Correo Nacional, la Suprema Corte de Justicia, cuarteles, caballerizas, el Jardín Botánico, las dos Cámaras de representación, la Tesorería General, entre otros. Con el tiempo, principalmente hacia el inicio del siglo XX, el Palacio Nacional se fue despojando de oficinas gubernamentales para darle cabida a la misma Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la que heredó el edificio como su sede principal, suceso que aprovechó a lo largo del siglo XX.

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La segunda mitad del siglo XIX fue el momento propicio para llevar a cabo las transformaciones legales, sociales y culturales necesarias para México. Los actores fueron muchos, así como también los escenarios físicos.

 

El Palacio Nacional no podía ser la excepción en esta suerte de cambio definitivo, y en él muchos de los actores representaron gran parte de las escenas. Los pasillos del edificio condujeron de manera inevitable y constante hacia los distintos brazos del poder. En distintos niveles se ubicaron los ministerios que dieron fuerza al gobierno; allí se encontraban las cámaras de Diputados y Senadores, la Suprema Corte de Justicia, y por supuesto toda la estructura gubernamental que apoyó a estas instancias: tesorería, imprenta, cuarteles de infantería y de caballería, caballerizas, bodegas de pólvora y armamentos, en fin, la maquinaria necesaria para que el país tuviera cuerpo y forma.

 

Como el centro neurálgico que había sido desde la época virreinal, el Palacio albergaba también el ir y venir de la población, que hacía trámites, solicitaba y asistía a audiencias, exigía cobros en la antigua y eternamente exhausta Tesorería General, recibía a los ministros del gobierno así como a los de justicia, en fin, era un ente por sí mismo.

 

El dinamismo estuvo presente a lo largo de aquella centuria, y los cambios tuvieron   lugar especialmente en la segunda mitad de la misma. La arquitectura del edificio fue cambiando, junto con la reforma del sistema legislativo, a partir de la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma; se crearon más ministerios y se implementó una guardia que salvaguardara al poder como tal.

 

Con el tiempo la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, además de las oficinas de la Presidencia de la República, fueron extendiendo su territorio en el Palacio, pues las oficinas y ministerios que antes lo ocupaban, fueron saliendo a sus propias sedes, principalmente durante la dictadura de Porfirio Díaz.

 

Al mes de la muerte de Juárez —el 18 de julio de 1872 en su casa, primer piso del Segundo Patio Mariano, área norte del edificio— se incendió la Cámara de Diputados, provocando gran revuelo en Palacio. Justo debajo de la Cámara se encontraba una bodega de pólvora y armamento, la cual fue desalojada rápidamente. Después de este incidente, la fisonomía de Palacio cambió, pues el techo estilo neoclásico de dos aguas que sobresalía del edificio despareció para siempre. La Cámara de Senadores —el mismo espacio donde Juárez se inició en la masonería, en el Rito Nacional Mexicano— fue transformada en capilla imperial en la época de Maximiliano de Habsburgo.

 

El centro del patio principal aún resguardaba una fuente coronada con la estatua de la Fama; a partir de 1974 se aprecia una fuente ochavada con un Pegaso en su remate. Los Patios Marianos dejaron de ser cárcel, y con el tiempo se fueron habilitando para las distintas oficinas hacendarias.

 

El Patio de Honor, en el sur de Palacio, tenía a su alrededor las oficinas del secretario particular del Presidente, y las oficinas del Ministerio de Relaciones, luego Gobernación, además de un espacio para el Archivo Nacional.

 

El Jardín Botánico, tan apreciado durante la época del Segundo Conde de Revillagigedo, y posteriormente durante el Imperio de Maximiliano, perdió dimensión en aras de albergar un cuartel.

 

El espacio de Palacio Nacional sufrió cambios a finales del siglo XIX como reflejo del mismo cambio estructural que la arquitectura del poder estaba experimentando.