La Revolución de Octubre

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La derrota del régimen semifeudal zarista en Rusia infligida por los revolucionarios bolcheviques y su Ejército Rojo, encabezados por Vladimir Illich Ulianov, Lenin, y León Trotsky, acompañada de la instauración del primer régimen comunista de la era moderna, significó para el muralista mexicano Diego Rivera un gran caudal intelectual que lo impulsó a participar en el movimiento comunista mexicano, y a plasmar en su obra plástica el sincretismo de la mexicanidad expresada en la historia indígena del país, y el sometimiento del capitalismo a manos de la revolución comunista. Ejemplo de ello son sus murales de los corredores del primer piso y del patio central de Palacio Nacional.

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En octubre de 1917 ocurrió la primera revolución socialista en el mundo, cuando la Rusia zarista experimentó el levantamiento obrero popular encabezado por el movimiento bolchevique dirigido por Vladimir Illich Ulianov, Lenin, quien acompañado por León Trotsky organizó el levantamiento social, encabezado por el Ejército Rojo, que en la época constituyó la fuerza irregular más grande del mundo.

Las razones fundamentales de la Revolución de Octubre, así llamado el movimiento de insurrección obrero-campesino en Rusia, se cimentaron en el hartazgo que el control del zarismo y su corte propiciaron por el trato cuasi esclavista que daban a los rusos que, sumidos en la pobreza, se veían obligados a laborar en las enormes extensiones de tierra que poseía la clase privilegiada del país.

Tanto Lenin como Trotsky, ambos cabezas del movimiento bolchevique, recurrieron al legado comunista que heredó el filósofo alemán Carlos Marx, y su coautor, el inglés Federico Engels. Los bolcheviques aplicaron las ideas centrales del comunismo en las arengas públicas para convencer a los miles de rusos pobres de la urgencia de transformar el sistema feudal que aún se vivía en el país, por uno que aplicara las nuevas técnicas de producción en beneficio de todos los habitantes del mismo.

El atraso en que vivían los rusos de entonces, aunado a las escasas oportunidades de atención médica, empleo digno y bien remunerado, y el incremento de decesos entre mujeres y niños por enfermedades prevenibles, fue caldo de cultivo para que campesinos y obreros se sumaran al movimiento socialista, que una vez organizado logró vencer a la guardia zarista y a lo que quedaba del maltrecho ejército de ese imperio.

En aquella época Diego Rivera, uno de los principales exponentes del movimiento artístico e intelectual del muralismo y de la revolución mexicana, había recorrido Europa donde conoció a los principales exponentes del comunismo francés, español e italiano, que lo pusieron en contacto con el sector intelectual ruso que participó en el triunfo de la revolución bolchevique.

El joven muralista hizo suyos los postulados del comunismo europeo y respaldó en todos los escenarios en los que puso pie el triunfo de la revolución rusa, y lo plasmó en la mayoría de sus notables obras.

A su paso por España, antes de regresar a México, en la tercera década del siglo pasado, Rivera entró en contacto con León Trotsky, el artífice del Ejército Rojo, y uno de los principales ideólogos, junto con Lenin, de la Revolución de Octubre. También estrechó sus vínculos con el autor surrealista André Breton y se afilió al Partido Comunista Mexicano, organización política que sufría la persecución del gobierno federal.

La consolidación del comunismo en Rusia y la instauración del Maximato sonorense en México fue la fórmula política que influyó decididamente en la obra de Diego Rivera, en la que el artista expresó los grandes rasgos de la lucha de clases en el sistema capitalista, el triunfo del comunismo sobre los regímenes autoritarios, y la segunda gran oleada del nacionalismo mexicano cuyas raíces históricas fueron plasmadas por el muralista en sus trabajos a partir de 1929. Esta manifestación se expresó en sus obras del lobby del Rockefeller Center, en la Secretaría de Educación Pública, en Chapingo y en su trabajo inconcluso de Palacio Nacional.