Arquitectura y creencias

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Las más sobresalientes muestras de la arquitectura en México-Tenochtitlan se encontraban en el recinto sagrado: un núcleo central en la ciudad compuesto por un conjunto de 78 templos congregados en torno al majestuoso Templo Mayor y estrictamente separados del conjunto de la población por una barda. Se trataba de edificios construidos bajo los términos de una estética muy original que manifestaba sobre todo la profunda religiosidad que se practicaba entre los mexicas. La arquitectura monumental de aquel perímetro se complementaba igualmente con valiosas expresiones pictóricas y escultóricas.
Documento Historico
Las ideas y creencias que los mexicas tenían de su existencia se manifestaban indeleblemente en su arquitectura más suntuosa; las construcciones, con objetivos religiosos claramente trazados, se mostraban ostentosas para llamar la atención. Al igual que en toda Mesoamérica estos monumentos estaban integrados por un basamento y unas escalinatas que culminaban en la cúspide donde se encontraba el adoratorio. Las más de estas estructuras estaban profusamente pintadas en su interior y exterior y asimismo en ellas o junto a ellas se encontraban sorprendentes esculturas. En la actualidad todavía podemos admirar las altas cotas artísticas que alcanzaron obras maestras como, entre otras, la Coatlicue, la Coyolxauhqui, el Cuauhxicalli de Moctezuma Ilhuicamina —un gran cilindro de piedra en cuyas paredes se labraron sus conquistas— y la Piedra del Sol.


Las moradas de los señores y sus palacios ocupaban los lotes de mayor extensión; eran grandes edificios con dos pisos, algunos de ellos tenían numerosas cámaras, patios, almacenes, estanques y huertas. Estas casas estaban encaladas y en sus muros se podían encontrar pinturas decorativas. Los materiales que se utilizaban eran el adobe, la madera, las piedras y algunos de los techos eran curiosamente planos.


Sin embargo, el grueso de la población vivía de un modo más modesto. Los patrones de residencia eran diversos, lo mismo existían zonas densas donde las casas lindaban unas con otras, que áreas más amplias en las que las habitaciones se construían en terrenos con cultivos. Ricos y pobres tendían a vivir en unidades plurifamiliares en lotes relativamente pequeños.


Estos conjuntos residenciales agrupaban de dos a seis núcleos familiares, cada uno habitando una casa, que se reducía las más de las veces a un cuarto. Éstos estaban separados uno de otro y contaban con una sola puerta que no tenía acceso a la calle sino a un espacio abierto dentro de la unidad multifamiliar que se identificaba como patio. En muchos de estos conjuntos se construía un cuarto especial, posiblemente el mayor de todos, donde se instalaba el llamado Cihuacalli, que era el altar familiar dedicado a las divinidades domésticas. El local del altar también hacía las veces de cocina, de tal manera que en este lugar y en el patio se concentraban las actividades colectivas de la unidad residencial.


Los campesinos vivían en las chinampas en donde cultivaban sus alimentos. Sus terrenos colindaban con canales y acequias que en gran número surcaban la ciudad de tal manera que los accesos a sus casas eran por vía acuática. Dentro de los lotes se erigían sus modestas chozas, construidas algunas de adobe y otras de cañas rellenas de lodo con techos de paja. La mayoría eran de un solo piso.


El método de cultivo en chinampas consiste en la acumulación sucesiva de capas de lodo, cieno y materiales de desecho vegetal que se mantienen unidas por medio de árboles, los ahuejotes, cuyas raíces las sujetan al fondo del lago. La chinampa necesita de agua abundante, poco profunda y sin corrientes fuertes. También se requiere de un trabajo permanente y de esmerados cuidados que impidan el abatimiento de su feracidad, para lo cual es necesaria la renovación sistemática de la tierra, que se extrae del fondo de los pantanos para colocarla en la superficie de la misma.


Los difíciles orígenes de la ciudad están presente incluso en su época más floreciente. Todavía los mexicas tienen que sobrevivir de la recolección de especies lacustres, de la caza menor, especialmente de las aves que por temporada arriban a los lagos, y de la pesca. Asimismo, en su lucha por ganar terreno al agua los mexicas se vuelven diestros constructores de chinampas, que no sólo les permiten tener tierra firme bajo sus pies, sino también ganar terreno fértil para la producción de sus alimentos.