Moctezuma II

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A la llegada de los españoles a tierras americanas, Moctezuma era el máximo dirigente de un gran dominio que se extendía a lo largo y ancho de Mesoamérica y que sobresalía por sobre todos los demás. Moctezuma Xocoyotzin (el joven) era hijo de otro gran señor mexica, el tlatoani Axayácatl. Destacó y creó fama por su exitosa carrera militar de tal manera que a la muerte de Ahuízotl —su tío— en 1502, fue nombrado supremo gobernante de Tenochtitlan. Con su muerte en el año de 1520 y con la gran ciudad ocupada por Hernán Cortés y sus tropas, se cierra dramáticamente el auge y la prosperidad de México-Tenochtitlan.

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Para Bernal Díaz del Castillo, testigo del primer encuentro entre el jefe español y el máximo dirigente mexica, Moctezuma era un hombre de gran presencia física y de fáciles y elegantes gestos, que lo mismo transmitían amabilidad que, cuando la situación lo requería, severa gravedad. Según el cronista, el mandatario era moreno, de buena estatura, delgado y de barba escasa. Sus cabellos eran lo suficientemente largos para cubrirle apenas las orejas. Bernal subraya la limpieza de su persona y su atavío, pues tenía la costumbre de bañarse diariamente en la tarde, y “[…] las mantas o ropas que se ponía un día, no se las ponía sino de tres o cuatro días”.

 

La jerarquía del supremo gobernante se manifestaba en el trato con los grandes señores de otras comarcas que se dirigían a él para arreglar diversos asuntos correspondientes a su alto cargo. Para poder entrar a las cámaras donde se encontraba el tlatoani, lo debían hacer descalzos y vestidos con mantas de poco valor en lugar de sus lujosos atavíos. Debían caminar hacia donde éste se encontraba con la vista dirigida al suelo para no verle de frente y al tiempo que hacían reverencias le decían: “Señor, mi señor, mi gran señor”. Al despedirse no debían darle la espalda de tal manera que dejaban los aposentos de la máxima autoridad sin darse vuelta.

 

Para hacer valer sus atribuciones y prestigio ante los jefes de otras comarcas, los mexicas habían tenido que recorrer un arduo y difícil camino. Después de establecerse en una isla tuvieron que transcurrir cien largos años para que dejaran de pagar por su estancia en un territorio que no les pertenecía. Y esto no ocurrió hasta que consiguieron que el señorío de Azcapotzalco, el más poderoso de toda la cuenca en aquellos tiempos y propietario de la isla, aceptara el casamiento de una noble de su linaje con el tlatoani mexica. Con ello, las duras condiciones tributarias que les imponían los tepanecas se atenuaron; además, participaron como aliados de estos últimos en las exitosas campañas en contra de Xochimilco, Cuernavaca, Mixquic, Chalco y Xaltocan. Esto les permitió allegarse recursos beneficiosos para su ciudad que complementaban con creces los pobres bienes que arrancaban a unas tierras más bien escasas.

 

Sin embargo, la hegemonía de Azcapotzalco no cede sustancialmente y lejos de ello los tepanecas agudizan las pugnas por el reparto de beneficios, a tal grado que Azcapotzalco decide enfrentar militarmente a sus propios aliados. De estos enfrentamientos surge un nuevo pacto entre Texcoco y Tenochtitlan. Los tepanecas son derrotados en el año de 1428 y  a Izcóatl, el entonces tlatoani mexica, le corresponde la gloria de culminar las ansiadas aspiraciones de independencia de su pueblo. Junto con el señor de Texcoco refuerza su posición política en el área llamando al pueblo de Tacuba para reforzar una nueva Triple Alianza.

 

Éste es un momento crucial para la ciudad mexica, ya que al resultar victoriosa su situación en la cuenca cambia radicalmente: pasa de ciudad sujeta al tributo obligatorio a la posición privilegiada de usufructuaria de los tributos de los pueblos ahora bajo su dominio. La ciudad, por primera vez en su historia, cuenta con un excedente que es canalizado a la prosperidad de su población. Así, una vez vencida la temible Azcapotzalco, la Triple Alianza emerge todopoderosa sojuzgando no sólo a las poblaciones vecinas, sino que su ímpetu y ambición la lleva a conquistas mucho más distantes. Cuando los españoles arriban a Tenochtitlan, las tropas aztecas controlaban parte de la mixteca y habían llegado hasta el Soconusco, en los límites de la actual Guatemala. Fueron contados los señoríos mesoamericanos que escaparon a su sometimiento, entre ellos el de Tlaxcala y el de los tarascos en Michoacán.