Fachada 1910-1913

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Para recibir con optimismo los festejos del centenario de la Independencia de México, el general Porfirio Díaz mandó pintar de rosa la fachada de Palacio Nacional. Sin embargo, la revolución encabezada por Francisco I. Madero demolió la autocomplacencia del régimen porfiriano. Buenos tiempos parecían comenzar, pero el golpe de Estado ejecutado durante el episodio conocido como la “Decena Trágica” oscureció el porvenir. La cantera rosada de Palacio Nacional se manchó con la pólvora quemada de los fusiles y cañonazos de los golpistas.

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En 1910 la cantera de la fachada del Palacio Nacional fue pintada de rosa para recibir las fiestas del centenario de la Independencia de México. La buena imagen que se quería dar de la sede presidencial duró apenas para el festejo. En poco más de dos años la cantera rosada se manchó con la pólvora quemada de los fusiles y cañonazos de los militares golpistas que ponían fin al proyecto democrático maderista.

 

El aspecto de fortaleza que tenía el Palacio desde sus remotos orígenes adquirió sentido entre el 9 y el 19 de febrero de 1913, durante la llamada Decena Trágica, en la que fuerzas federales se mantuvieron apostadas frente a la fachada y azotea del edificio para resistir los ataques  de las tropas rebeldes comandadas por Bernardo Reyes y Félix Díaz.

 

A manera de reportaje gráfico, estos momentos que culminaron con el asesinato del presidente Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez quedaron registrados. Víctor Casasola, en una fotografía realizada el primer día de los trágicos sucesos, capta a las tropas federales formadas en línea frente a Palacio Nacional rompiendo fuego contra el enemigo. La imagen describe en forma elocuente el acontecimiento no sólo por la posición militar que mantenían ambos bandos dentro de Plaza, sino también por el carácter simbólico que adquirió el Palacio durante esos días para honrar la institución presidencial.

 

Asimismo, S. Osuna recoge con su cámara el instante dramático en que varios cadáveres yacen sobre la Plaza. Como fondo aparece el costado sur de la fachada de Palacio Nacional, con su doble piso y una de las dos victorias que habían sido colocadas arriba de las portadas laterales en tiempos del imperio de Maximiliano. En la fotografía destaca un grupo de personas, aparentemente soldados, que observa la escena desde lo alto del edificio. En otra, de autor desconocido, se ve el lado opuesto de la fachada. Es la misma escena: entre las almenas varios hombres contemplan el trajín fúnebre que corre por la Plaza luego de los combates de aquel 9 de febrero.

 

Como se sabe, luego de la reyerta de ese día que duró algunos minutos, horas después comenzó un intenso bombardeo entre tropas federales, pertrechadas en Palacio Nacional, y las rebeldes, que se habían refugiado en la Ciudadela. Al cabo de una semana, Madero, Pino Suárez y el general Felipe Ángeles fueron detenidos por orden del general Victoriano Huerta y encerrados en la intendencia de Palacio. En la trifulca que se suscitó dentro las oficinas presidenciales para detener a los dignatarios murieron el teniente coronel José Jiménez Riveroll y el mayor Rafael Izquierdo, quienes encabezaban al grupo golpista.

 

Una fotografía captura el momento en el que ingresan por la Puerta Central de Palacio los ataúdes donde se depositarían los cadáveres de ambos militares. La toma permite ver gran parte de la fachada del edificio y a la comisión encargada de levantar los cuerpos. El blanco y negro de la fotografía no impide observar una involuntaria ironía de la historia: la cantera rosada del Palacio Nacional que pretendía transmitir optimismo en el marco de los festejos del centenario de la Independencia de México, terminaba por ser el telón de fondo de un lúgubre acontecimiento.