El Jardín Botánico

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Un área poco conocida para propios y extraños es el magnífico Jardín Botánico con el que cuenta Palacio Nacional. Su historia data de la época prehispánica, cuando en el predio que hoy ocupa estuvieron la Casas Nuevas de Moctezuma, en donde había un magnífico zoológico y un jardín botánico, de los que hablan las crónicas de los conquistadores españoles. Pero fue hasta el gobierno del Segundo Conde de Revillagigedo (finales del virreinato) cuando el Jardín alcanzó su máximo esplendor, pues no sólo se habilitó el jardín, con jardinero y maestro a su disposición —quienes por cierto habitaban en el Palacio Real—, sino también se impartió la cátedra de botánica por parte de la Universidad Pontificia de México. Hoy en día el Palacio Nacional aún conserva un Jardín Botánico espléndido.

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Sin duda alguna uno de los espacios de mayor belleza e importancia en el Palacio Nacional es el Jardín Botánico. La historia de este lugar se remonta a la época prehispánica, cuando el terreno que hoy ocupa este inmueble estaba ocupado por las Casas de Moctezuma, con distintos edificios administrativos y de culto, así como espacios dedicados a la importancia que los antiguos mexicanos le dieron a la naturaleza, ya que contaban con estanques para aves y peces, así como con jardines, de los cuales dan referencia los conquistadores Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo.

 

Luego de la conquista, Hernán Cortés utilizó este predio para la construcción de su morada, mismo que fue comprado por la Corona española, a mitad del siglo XVI, a Martín Cortés, y donde se construyó el primer Palacio Virreinal, respetando igualmente un espacio para el jardín.

 

Sin embargo, luego de levantamientos, incendios y distintas necesidades, en el siglo XVIII el Palacio Virreinal fue transformado en comparación con el Palacio del siglo de la conquista, pues durante el gobierno del virrey Juan Vicente de Güemes y Pacheco, Segundo Conde de Revillagigedo, el Jardín Botánico encontrado por los conquistadores se renovó de una manera importantísima, ya que se adaptaron y reprodujeron plantas de la Nueva España, mismas que se enviaron a la metrópoli para difundir su conocimiento.

 

Con una visión completamente modernista ilustrada, la Corona española transformó el Jardín Botánico en un lugar de estudio de la botánica en la Nueva España. A partir de finales de aquella centuria se aclimataron plantas llegadas de distintas zonas novohispanas, algunas de las cuales se enviaron a la metrópoli española para difundir su conocimiento y estudio. Respetando su tránsito histórico se ubicó en la zona suroriente, y tanto la vivienda del jardinero real como la del maestro se instalaron en el Palacio Virreinal. Fue en esta época cuando el Jardín Botánico de la Nueva España tuvo una gran relevancia. La Universidad Pontificia de México instaló una cátedra de botánica en el mismo, y los estudios se realizaron básicamente con plantas netamente mexicanas.

 

Luego de la independencia, el Jardín Botánico inició una etapa de decadencia por la revolución, de tal suerte que durante el imperio de Agustín de Iturbide y los distintos presidentes que le siguieron, difícilmente volvió a vivir la etapa de esplendor de la época de Revillagigedo.

 

No fue sino hasta el Segundo Imperio Mexicano con Maximiliano de Habsburgo, 1864-1867, cuando éste tuvo nuevamente un importante despunte. Se instalaron fuentes, caminos y arcos, transformándose en un auténtico espacio de esparcimiento y de remanso para cualquier visitante.

 

A partir de 1910, con el inicio de la Revolución Mexicana, este lugar tuvo nuevamente un declive, como en el siglo anterior. Y a pesar de los esfuerzos de los distintos gobiernos posrevolucionarios, difícilmente alcanzó el esplendor de antaño. En la administración del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León se dio un impulso nuevamente al área, y recientemente, en 2006, se aclimataron especies mexicanas para continuar con esta tradición botánica nacional.