El siglo XVIII

Imprimir
El siglo XVII fue la centuria en la que la Nueva España representó para la corona española la época de mayor esplendor y bonanza, principalmente después de las reformas borbónicas. Estas reformas consistieron en un conjunto de medidas administrativas que permitieron a la metrópoli una mejor explotación comercial y de recepción de impuestos sobre sus posesiones americanas. La bonanza se conjugó de manera extraordinaria con el virrey Juan Vicente de Güemes y Pacheco, segundo Conde de Revillagigedo, quien dio un impulso decidido a la creación de edificios al interior del Palacio Virreinal, a la instalación de la Academia de Artes de San Carlos, cuya primera sede fue el mismo Palacio Real, así como al establecimiento del espléndido Jardín Botánico dentro del mismo edificio, admirado por propios y extraños.

01aa

Sin duda alguna la segunda parte de la época virreinal, el siglo XVII, fue una de las etapas más ricas en elementos que pervivieron a lo largo de la primera fase de la vida independiente de nuestro país. La relación Iglesia-Estado, el sistema hacendario, la división social, la estructura política, son algunos ejemplos de ello. No es sino hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando se generaron los movimientos necesarios para que México se iniciara en la modernidad. Y es a partir del liberalismo reflejado en la Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma cuando nuestro país se separó del esquema virreinal, algo que tantas veces había intentado luego de su independencia.

 

Como espejo fiel de la historia de México, el Palacio Virreinal resintió el cambio de la administración borbónica de finales del siglo XVIII, inspirada en el absolutismo ilustrado, y atestiguó la bonanza económica que propició la recaudación más eficaz de impuestos y los monopolios comerciales entre la metrópoli y la Nueva España, además de la prodigiosa producción de plata de la hija consentida de la corona española en América.

 

Durante este periodo se realizaron obras arquitectónicas de gran relevancia en el Palacio Virreinal, entre ellas la renovación y ampliación, intermitente a lo largo del siglo XVIII, de la Casa de Moneda instalada en la zona nororiental; a finales de esa misma centuria también se construyó un edificio anexo a esta Casa de Moneda, erigido por el ingeniero Miguel de Constanzó y con el apoyo importante del arquitecto José Damián Ortiz de Castro, ubicándolo en el área oriente del Palacio Virreinal. Igualmente se estableció la Casa de Fundición de Moneda, en el centro mismo del Jardín Botánico.

 

El antecedente de este jardín se remonta a la época prehispánica, ya que en las casas nuevas de Moctezuma existían un jardín y un pequeño zoológico, lo que nos habla de la importancia que los antiguos mexicanos daban a la naturaleza. El jardín fue reacondicionado exquisitamente por el virrey Juan Vicente de Güemes y Pacheco, segundo Conde de Revillagigedo, con plantas aclimatadas de todas las latitudes de la Nueva España; algunas de ellas, por cierto, fueron enviadas a España para dar una muestra de la magnificencia natural del virreinato.

 

Construido por el maestro botánico Vicente Cervantes Mendo en 1791, fue un remanso al mismo tiempo que lugar de estudio, pues en él los estudiantes y catedráticos de la Real y Pontificia Universidad de México realizaron estudios de botánica en las alrededor de mil especies de plantas que componían el jardín. El mismo barón de Humbolt llegó a escribir en su Essai politique sur le Royaume de la Nouvelle Espagne (1811) que: “Ningún gobierno europeo ha invertido sumas mayores para adelantar el conocimiento de las plantas que el gobierno español”.

 

Y en efecto, la arquitectura del Real Palacio, así como la creación del Jardín Botánico en toda forma se debió a la insistencia e impulso decidido que diera el segundo Conde de Revillagigedo quien, además, fue un estadista moderno con plena conciencia de la urbanística. Muestra de ello fueron las obras de limpieza y alumbrado al interior del Palacio Virreinal y en toda la Ciudad de México, y el impulso que dio a grandes obras arquitectónicas como la conclusión de la catedral, pues fue durante su periodo cuando José Damián Ortiz de Castro terminó la fachada y sus majestuosas torres.

 

También se debe a Revillagigedo la instalación de la Academia de Artes de San Carlos, cuyo patrono fue el mismo monarca español, Carlos III, y cuya primera sede fue precisamente el edificio anexo de la Casa de Moneda, en el interior del Palacio Virreinal.