El Palacio Virreinal siglos XVI y XVII

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La casa que Hernán Cortés construyó sobre las Casas Nuevas de Moctezuma fue la basa arquitectónica sobre la que se fue ampliando el Palacio Virreinal entre los siglos XVI y XVII. La construcción original estaba cargada hacia el lado sur del terreno y constaba de tres patios y de dos pisos. Paulatinamente se fueron levantando nuevos muros en la parte norte del edificio para alojar la Real Casa de Moneda, la Cárcel de Corte y salas de la Real Hacienda.

A pesar de las constantes reparaciones de que era objeto el Palacio, en esta época se hicieron varias obras de embellecimiento para dar gusto a la corte novohispana.

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La casa que Hernán Cortés había comenzado a construir en 1523 sobre las ruinas de las Casas Nuevas de Moctezuma, al oriente de la Plaza Mayor, tardaría algunos años en adquirir su forma. Él mismo, junto con Luis de la Torre y Juan Rodríguez de Salas, se había encargado de hacer la traza del edificio. En 1528 ya podían verse los muros de la planta baja y empezaban a levantarse las habitaciones, columnas y arcos de los patios, todo en cantera labrada. A la muerte del conquistador en 1547, la casa comprendía dos niveles, tres patios y una extensa huerta que abarcaba el área que posteriormente ocuparía la plaza del Volador y donde hoy se encuentra la Suprema Corte de Justicia.

 

Agobiado por deudas económicas, Martín Cortés vendió en 1563 a la Corona la casa nueva que su padre le había heredado. De inmediato, comenzaron a trasladarse a ésta algunas dependencias virreinales, para lo cual el virrey Luis de Velasco encargó al arquitecto Claudio Arciniega reparar y adaptar las habitaciones de la Casa Real de los Virreyes. A la llegada del nuevo virrey Gastón de Peralta, el pintor flamenco Simón Pereins pintó en los muros de la residencia virreinal un gran fresco con escenas militares, que al poco tiempo desapareció a causa de falsas imputaciones de rebeldía hechas contra el virrey. No obstante, las obras emprendidas por el arquitecto Arciniega y sus sucesores continuaron ininterrumpidamente para dar alojamiento a todo el gran aparato administrativo virreinal.

 

Hacia el último cuarto del siglo XVI, el área construida de la Casa Real de los Virreyes había aumentado notablemente. Contaba con cuatro grandes patios: en uno confluían las salas de la Real Audiencia, las habitaciones de los secretarios de lo civil, el sello y el repartidor y dos piezas de la Cárcel de Corte. El segundo comunicaba con los aposentos del virrey con sus tres salas de armas, oficios de los secretarios de gobernación y del crimen, la capilla y un corredor con veinte arcos que tenían salida a la huerta. Al tercero daban las viviendas de los oficiales de la Real Hacienda, y al cuarto, la Casa de Moneda. La fachada que daba a la Plaza Mayor tenía tres puertas, una correspondía al virrey y a la Real Audiencia, otra más a la cárcel y la tercera a los oficiales de la Real Hacienda.   En los terrenos baldíos del lado norte de la Casa, donde aún quedaban ruinas del centro ceremonial de Tenochtitlan, se construyeron tiendas que debían arrendarse para beneficio de la Corona.

 

Aunque la casa virreinal carecía en general de refinamiento arquitectónico, al finalizar el siglo se le comenzó a llamar “el Palacio Real”, acaso para satisfacer los crecientes anhelos de lujo de la corte novohispana. Por eso al iniciar la siguiente centuria los arquitectos de Palacio se dieron no sólo a la imprescindible tarea de reparar los desperfectos del edificio, ocasionados por fallas estructurales, sino también a la de embellecer su aspecto interior y exterior. En 1628, el arquitecto Juan Gómez de Trasmonte construyó un cuarto para el virrey de doce balcones y barandales de hierro que asomaban a la Plaza Mayor. Por esos años data la construcción del Juzgado de Provincia, levantado en la esquina noroeste del Palacio. De modo que la fachada principal del edificio adquirió su extensión definitiva: de la esquina de la Acequia a la del Arzobispado.

 

De acuerdo con la descripción del Palacio Virreinal que hizo el doctor Isidro de Sariñana en 1666, el área que ocupaba el inmueble abarcaba una cuadra completa, formada por la Plaza Mayor y las calles de la Acequia (Corregidora), del Arzobispado (Moneda) y del Parque (Correo Mayor). El Palacio constaba de dos niveles y tres patios que se comunicaban entre sí; el central, conocido como de los Virreyes, era el más extenso; al suroeste estaba el de la Real Audiencia y al sureste el de la Contaduría. Los dos primeros daban a la Plaza Mayor y el otro a la Plazuela del Volador. Su fachada principal tenía tres puertas, la más pequeña, en el lado norte, daba acceso a la Cárcel de Corte; cerca de ella, destacaba el “balcón de la Virreina”, construido entre 1640 y 1642, seguido de un portal con columnas y arcos de cantera. Al centro de la fachada se levantó un remate coronado con almenas que mostraba un reloj.

 

Algunos años después, Carlos de Sigüenza y Góngora menciona que el Palacio Virreinal contaba además con otras dos puertas; una daba a la calle del Arzobispado y era conocida como la “puerta de los cuarteles del Parque”, y la otra, con salida a la calle  del Parque, recibía el nombre de “jardín del Parque”, en alusión al espacio que había puertas adentro.