El virreinato

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Pasada la destrucción de la ciudad de Tenochtitlan, Hernán Cortés se adjudicó los terrenos de las casas viejas y nuevas de Moctezuma para construir allí sus casas. Algunos años después de la muerte del conquistador, la corona compró a su heredero, Martín Cortés, la casa de tres patios y dos niveles que habían construido sobre las casas nuevas para alojar en ella a la autoridad virreinal. A partir de entonces, y por más de 200 años, este inmueble fue llamado Palacio de los Virreyes de la Nueva España.

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Luego de ser avasallada la población mexica a sangre, fuego, hambre y enfermedades, Hernán Cortes ordenó la total destrucción de la ciudad de Tenochtitlan. El gran recinto ceremonial donde se encontraba el huey teocalli, Templo Mayor; los tecpancalli, casas reales, y los calpullis, barrios, quedaron, en menos dos años, reducidos a escombros. Cortés sabía, sin embargo, que de sus ruinas debía edificarse, “por la grandeza y maravilloso de su asiento”, la nueva ciudad.

 

Para empezar, Cortés mandó construir su casa en 1523, con mano de obra indígena, sobre el solar de las casas viejas de Moctezuma. Ubicadas en las afueras del centro ceremonial, éstas habían servido de posada a los conquistadores durante el tiempo en que Moctezuma los tuvo bajo su protección. Unos meses después, recién terminada la obra, comenzó a construir su segunda residencia sobre las ruinas del otro tecpancalli del huey tlatoani conocido como las casas nuevas de Moctezuma.

 

El proceso de edificación de la casa nueva de Cortés fue lento. Habían transcurrido cinco años desde que se colocara la primera piedra y apenas podían apreciarse los muros de la planta baja y comenzaba la construcción de las habitaciones, al tiempo que se hacían las columnas y arcos. No obstante, durante algunos breves lapsos Cortés se vio obligado a habitarla, pues los oidores de la Real Audiencia ocupaban la casa vieja. A la muerte del conquistador en 1547, el palacio comprendía dos niveles, tres patios, y abarcaba poco más de la mitad del predio que posteriormente ocuparía. Esos muros, techos, arcos y columnas levantadas del segundo palacio de Cortés son hoy recuerdo y vestigio del actual Palacio Nacional.

 

Por entonces, las instituciones reales comenzaban a establecerse en el reino de la Nueva España. En 1535 arribó del viejo continente el primer virrey, Antonio de Mendoza. A petición de la corona española, Cortés, resignado, hubo de alojar en la casa vieja a la autoridad virreinal. De modo que a este inmueble se le empezó a conocer como la Casa Real de los Virreyes. No por mucho tiempo, porque el 16 de agosto de 1563 la corona compró al heredero del conquistador, Martín Cortés, la casa nueva en 34 mil castellanos para trasladar allí la sede virreinal.

 

Pasaron  todavía tres años para que un virrey, Gastón de Peralta (1566-1568), habitara lo que empezaría a conocerse como el Palacio Virreinal. A partir de entonces este edificio fue sede de la más alta investidura política de la Nueva España y del aparato administrativo en que descansaba su autoridad. Asimismo, durante el siglo xvi el Palacio dio cabida a la Casa de Moneda (1571) y a la Real Cárcel de Corte (1578), para lo cual se construyeron nuevos edificios en el lado norte. De manera tal que al finalizar el siglo eran muchas las personas que habitaban el Palacio: por un lado, estaba el virrey con sus familiares, criados y protegidos, además de funcionarios y militares a su servicio, y por otro, los oidores de la Real Audiencia y oficiales reales, también con su parentela.

 

Durante el siglo xvii, el Palacio Virreinal sufrió paulatinos cambios debido a inundaciones, sismos y atentados a su construcción, consecuencia de los motines populares de 1624 y 1692. El Palacio abarcaba una cuadra completa y constaba de dos niveles, tres patios ―de los Virreyes, de la Real Audiencia y de la Contaduría―, y un jardín conocido como el Parque de Palacio. Su fachada principal tenía tres puertas, la más pequeña, en el lado norte, daba acceso a la Cárcel de Corte; cerca de ella destacaba el “balcón de la Virreina”, construido entre 1640 y 1642; en ese mismo costado se construyó en 1631 el juzgado de Provincia, se agregó un segundo piso y en la planta baja se hizo un portal con columnas y arcos, y al centro se levantó un remate coronado con almenas que mostraba un reloj. Pese a estos cambios evidentes, el Palacio Virreinal conservó gran parte de la estructura que montó Hernán Cortés un siglo atrás.